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21 de abril de 2010

Salud mental, la invisible

Por Carmen Pueyo, Secretaria de la Federación de Sanidad CCOO de Navarra

LEYENDO el dossier de acciones y medidas para promover la calidad, la equidad y la cohesión del consejo interterritorial del Sistema Nacional de Salud del 18 de marzo de 2010, donde se habla de excelencia en la calidad y garantía efectiva y equitativa de los derechos de los ciudadanos, no puedo evitar pensar en el problema de la salud mental en Navarra.

Desde la Federación de Sanidad de CCOO de Navarra queremos denunciar públicamente el abandono por parte del Departamento de Salud de la salud mental en Navarra, la invisible, la gran olvidada. Sólo los profesionales, pacientes y familias chocan cada día con el drama de lo que no existe en nuestra sanidad.

Cualquier ciudadano que lea este artículo puede preguntar a su médico de cabecera ¿Qué hace cuando desde un niño hasta un anciano muestra alguna patología psiquiátrica? ¿Qué centros hay de referencia para diagnóstico o Urgencias?

En 2003 la Defensora del Pueblo en un informe sobre la salud mental en Navarra calificó la situación de emergencia social. Los profesionales navarros han denunciado públicamente la deficitaria atención de los trastornos mentales graves (TMG) han denunciado la saturación generalizada en la salud mental, área donde es más evidente el abandono de la Sanidad Pública. Según un estudio de la Unión Europea, la población afectada en España con trastornos mentales es del 9,2%. En Navarra estamos hablando de 55.000 ciudadanos afectadas.

Como puso de manifiesto la memoria de Salud Mental de 2008, de los 18.336 pacientes tratados en la red pública, el 35,1% padece TMG. Los trastornos siguen aumentando todos los años y en la población infantil son ya 2.346 menores de 16 años diagnosticados. Existe un número significativo de pacientes con TMG, especialmente complejos, que sufren además otras patologías, mentales u orgánicas, donde la falta de profesionales especializados, recursos adaptados y coordinación en las intervenciones de los profesionales generan situaciones límites, soluciones inadecuadas y un gran sufrimiento de esos pacientes y el agotamiento de familias incomprendidas y angustiadas.

Los problemas de adicción a drogas y alcohol, cuadros de larga duración y gran impacto social carecen de un plan de atención especializado. Con frecuencia estos problemas se asocian con otros trastornos mentales graves. También la discapacidad intelectual se asocia con relativa frecuencia con trastornos mentales graves y requieren intervenciones y recursos específicos. Los trastornos de personalidad se han convertido en un cajón de sastre de enfermedades mentales, pacientes con una gran afectación en su vida diaria y que saturan los recursos por falta de programas específicos de tratamiento.

En la cárcel de Pamplona alrededor del 35% de los presos tiene trastornos mentales. A veces la falta de atención sanitaria y social los conduce a situaciones judiciales que sustituyen la inoperancia de una respuesta pública, flexible y ágil.

La tasa de mortandad de la población con TMG triplica y cuadruplica en casos complejos las tasas del resto de la población. La propia enfermedad, la calidad de vida de los pacientes y los propios tratamientos conllevan la rápida degeneración de su salud. La mortalidad por suicidio se ha convertido en la actualidad en la principal causa de muerte externa, superando a los accidentes de tráfico. Además las enfermedades mentales se están convirtiendo en la mayor causa de discapacidad en nuestra sociedad.

Llevamos más de 25 años sin desatar nudos gordianos, como la continuidad en los cuidados y la asistencia fragmentada entre salud, bienestar social, entidades de iniciativa social, y empresas mercantiles. Lentitud, tecnocracia y sobrecarga de las familias, que piden medidas racionales como una coordinación única, ubicada en la Sanidad Pública, que cuenta con profesionales especialmente preparados. La valoración de necesidades y recursos, de pacientes crónicos es ahora mismo como la pelota de ping pong entre Salud y Bienestar Social, fragmentando siempre la respuesta. En el mejor de los casos cuando existe un recurso adecuado nos encontramos que no existen plazas. En el peor, que suele ser el normal, el enfermo va donde haya un plaza en centros convertidos en cajón de sastre. El sistema de derivación de pacientes es lento desde Atención Primaria, se pierden meses tratando como depresión los que son otras patologías graves. Faltan decisiones ágiles y simultáneas. Es especialmente alarmante en el caso de pacientes con TMG, que requieren atención rápida y accesible. En la práctica los condenan a un perverso juego de obstáculos administrativos y decisiones discrecionales.

Los profesionales están saturados con mucho trabajo burocrático y escaso tiempo para valorar adecuadamente a los pacientes. La demora en el acceso y los obstáculos administrativos son uno de los problemas más angustiantes para pacientes y personas que necesitan agilidad y atención profesional. El resultado son profesionales quemados, pacientes y familias desbordados y destrozados. Se tiende a paliar todo esto con un uso discrecional de psicofármacos que no puede sustituir a los programas integrales de tratamiento.

En CCOO venimos incidiendo en la necesidad de mayor responsabilidad directa del sector público sanitario. La salud mental tiene que lograr espacio en la agenda de prioridades, especialmente en los casos con TMG. A pesar de la magnitud, cada vez mayor, los trastornos mentales y quienes lo padecen siguen siendo invisibles y la mayoría de los pacientes acaban en sus casas hasta la muerte propia y la de sus familiares, lo que les obliga a ingresar en un recurso residencial ahora ubicado en el sector social privado. El Plan Director del Psicogeriátrico está dotado de un presupuesto para empezar a realizarlo. Dada la urgencia del tema, y ante la crisis que padecemos pedimos prioridad para él sobre otros proyectos.

Consideramos que la mejora de la sanidad pública foral pasa por tener en cuenta algunas cuestiones relativas a la salud mental. Como, por ejemplo, la magnitud numérica del problema, que supera el cáncer y los accidentes de tráfico; el grado de sufrimiento de pacientes crónicos, la repercusión que tiene la enfermedad mental en el ámbito familiar, vecinal y social y las trágicas consecuencias que tiene su tratamiento (prisión y suicidios).

Es preciso que el Servicio Navarro de Salud asuma la salud mental como una prioridad. Hay que dotar de recursos económicos y humanos; hay que empezar a hacer cosas en el campo de la prevención… Es necesaria flexibilidad, agilidad en el acceso, especialmente en los casos de TMG; especialización en la atención a los grupos de mayor riesgo y complejidad (duales y personas con retraso mental)… Los problemas de salud mental en personas mayores, ahora tan cuestionada la Clínica Josefina Arregui, merece un artículo aparte por su gran importancia.

Desde Sanidad de CCOO de Navarra, ante la realidad de que cada vez existen más patologías mentales y ante la insensibilidad del Gobierno, exigimos prioridad para el Plan de Salud Mental de Navarra; y dentro del mismo para el desarrollo del Plan Director del Psicogeriátrico San Francisco Javier, para el que se cuenta con un presupuesto aprobado para 2008, siguiendo la Estrategia Nacional de Salud Mental la olvidada, la invisible desde hace más de dos décadas en Navarra.

FuenteDiario de Noticias

 

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