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Salud mental, la invisible
Por Carmen Pueyo, Secretaria de la Federación
de Sanidad CCOO de Navarra
LEYENDO el dossier de acciones y medidas para
promover la calidad, la equidad y la cohesión
del consejo interterritorial del Sistema Nacional
de Salud del 18 de marzo de 2010, donde se habla
de excelencia en la calidad y garantía efectiva
y equitativa de los derechos de los ciudadanos,
no puedo evitar pensar en el problema de la salud
mental en Navarra.
Desde la Federación de Sanidad de CCOO de
Navarra queremos denunciar públicamente el
abandono por parte del Departamento de Salud de
la salud mental en Navarra, la invisible, la gran
olvidada. Sólo los profesionales, pacientes
y familias chocan cada día con el drama de
lo que no existe en nuestra sanidad.
Cualquier ciudadano que lea este artículo
puede preguntar a su médico de cabecera ¿Qué
hace cuando desde un niño hasta un anciano
muestra alguna patología psiquiátrica?
¿Qué centros hay de referencia para
diagnóstico o Urgencias?
En 2003 la Defensora del Pueblo en un informe sobre
la salud mental en Navarra calificó la situación
de emergencia social. Los profesionales navarros
han denunciado públicamente la deficitaria
atención de los trastornos mentales graves
(TMG) han denunciado la saturación generalizada
en la salud mental, área donde es más
evidente el abandono de la Sanidad Pública.
Según un estudio de la Unión Europea,
la población afectada en España con
trastornos mentales es del 9,2%. En Navarra estamos
hablando de 55.000 ciudadanos afectadas.
Como puso de manifiesto la memoria de Salud Mental
de 2008, de los 18.336 pacientes tratados en la
red pública, el 35,1% padece TMG. Los trastornos
siguen aumentando todos los años y en la
población infantil son ya 2.346 menores de
16 años diagnosticados. Existe un número
significativo de pacientes con TMG, especialmente
complejos, que sufren además otras patologías,
mentales u orgánicas, donde la falta de profesionales
especializados, recursos adaptados y coordinación
en las intervenciones de los profesionales generan
situaciones límites, soluciones inadecuadas
y un gran sufrimiento de esos pacientes y el agotamiento
de familias incomprendidas y angustiadas.
Los problemas de adicción a drogas y alcohol,
cuadros de larga duración y gran impacto
social carecen de un plan de atención especializado.
Con frecuencia estos problemas se asocian con otros
trastornos mentales graves. También la discapacidad
intelectual se asocia con relativa frecuencia con
trastornos mentales graves y requieren intervenciones
y recursos específicos. Los trastornos de
personalidad se han convertido en un cajón
de sastre de enfermedades mentales, pacientes con
una gran afectación en su vida diaria y que
saturan los recursos por falta de programas específicos
de tratamiento.
En la cárcel de Pamplona alrededor del 35%
de los presos tiene trastornos mentales. A veces
la falta de atención sanitaria y social los
conduce a situaciones judiciales que sustituyen
la inoperancia de una respuesta pública,
flexible y ágil.
La tasa de mortandad de la población con
TMG triplica y cuadruplica en casos complejos las
tasas del resto de la población. La propia
enfermedad, la calidad de vida de los pacientes
y los propios tratamientos conllevan la rápida
degeneración de su salud. La mortalidad por
suicidio se ha convertido en la actualidad en la
principal causa de muerte externa, superando a los
accidentes de tráfico. Además las
enfermedades mentales se están convirtiendo
en la mayor causa de discapacidad en nuestra sociedad.
Llevamos más de 25 años sin desatar
nudos gordianos, como la continuidad en los cuidados
y la asistencia fragmentada entre salud, bienestar
social, entidades de iniciativa social, y empresas
mercantiles. Lentitud, tecnocracia y sobrecarga
de las familias, que piden medidas racionales como
una coordinación única, ubicada en
la Sanidad Pública, que cuenta con profesionales
especialmente preparados. La valoración de
necesidades y recursos, de pacientes crónicos
es ahora mismo como la pelota de ping pong entre
Salud y Bienestar Social, fragmentando siempre la
respuesta. En el mejor de los casos cuando existe
un recurso adecuado nos encontramos que no existen
plazas. En el peor, que suele ser el normal, el
enfermo va donde haya un plaza en centros convertidos
en cajón de sastre. El sistema de derivación
de pacientes es lento desde Atención Primaria,
se pierden meses tratando como depresión
los que son otras patologías graves. Faltan
decisiones ágiles y simultáneas. Es
especialmente alarmante en el caso de pacientes
con TMG, que requieren atención rápida
y accesible. En la práctica los condenan
a un perverso juego de obstáculos administrativos
y decisiones discrecionales.
Los profesionales están saturados con mucho
trabajo burocrático y escaso tiempo para
valorar adecuadamente a los pacientes. La demora
en el acceso y los obstáculos administrativos
son uno de los problemas más angustiantes
para pacientes y personas que necesitan agilidad
y atención profesional. El resultado son
profesionales quemados, pacientes y familias desbordados
y destrozados. Se tiende a paliar todo esto con
un uso discrecional de psicofármacos que
no puede sustituir a los programas integrales de
tratamiento.
En CCOO venimos incidiendo en la necesidad de mayor
responsabilidad directa del sector público
sanitario. La salud mental tiene que lograr espacio
en la agenda de prioridades, especialmente en los
casos con TMG. A pesar de la magnitud, cada vez
mayor, los trastornos mentales y quienes lo padecen
siguen siendo invisibles y la mayoría de
los pacientes acaban en sus casas hasta la muerte
propia y la de sus familiares, lo que les obliga
a ingresar en un recurso residencial ahora ubicado
en el sector social privado. El Plan Director del
Psicogeriátrico está dotado de un
presupuesto para empezar a realizarlo. Dada la urgencia
del tema, y ante la crisis que padecemos pedimos
prioridad para él sobre otros proyectos.
Consideramos que la mejora de la sanidad pública
foral pasa por tener en cuenta algunas cuestiones
relativas a la salud mental. Como, por ejemplo,
la magnitud numérica del problema, que supera
el cáncer y los accidentes de tráfico;
el grado de sufrimiento de pacientes crónicos,
la repercusión que tiene la enfermedad mental
en el ámbito familiar, vecinal y social y
las trágicas consecuencias que tiene su tratamiento
(prisión y suicidios).
Es preciso que el Servicio Navarro de Salud asuma
la salud mental como una prioridad. Hay que dotar
de recursos económicos y humanos; hay que
empezar a hacer cosas en el campo de la prevención…
Es necesaria flexibilidad, agilidad en el acceso,
especialmente en los casos de TMG; especialización
en la atención a los grupos de mayor riesgo
y complejidad (duales y personas con retraso mental)…
Los problemas de salud mental en personas mayores,
ahora tan cuestionada la Clínica Josefina
Arregui, merece un artículo aparte por su
gran importancia.
Desde Sanidad de CCOO de Navarra, ante la realidad
de que cada vez existen más patologías
mentales y ante la insensibilidad del Gobierno,
exigimos prioridad para el Plan de Salud Mental
de Navarra; y dentro del mismo para el desarrollo
del Plan Director del Psicogeriátrico San
Francisco Javier, para el que se cuenta con un presupuesto
aprobado para 2008, siguiendo la Estrategia Nacional
de Salud Mental la olvidada, la invisible desde
hace más de dos décadas en Navarra.
Fuente Diario
de Noticias
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