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17 de febrero de 2008

"Los prejuicios hacia el enfermo mental llevan a ponerle la etiqueta de loco o peligroso, y generan marginación"

ALFREDO MARTÍNEZ LARREA, psiquiatra y nuevo presidente del foro de salud mental

Recién nombrado presidente del Foro de Salud Mental, el psiquiatra Alfredo Martínez muestra sus principales preocupaciones y retos para los próximos cuatros años. La más inmediata, despojar al enfermo mental de ese estigma que le ha perseguido y le califica como "loco"

El psiquiatra Alfredo Martínez Larrea, antes de participar en su presentación como nuevo presidente del Foro de Salud Mental. FOTO: IBAN AGUINAGA

ALBERTO PRADILLA

PAMPLONA. La enfermedad mental es un ámbito desconocido para la población y lleno de mitos. ¿A qué nos referimos cuando hablamos de patologías mentales?

Hablamos de un espectro muy amplio de transtornos: enfermedades mentales graves, como esquizofrenia, transtornos bipolares, problemas depresivos graves; todo tipo de transtornos afectivos, de ansiedad, patologías relacionadas con el consumo de drogas y alcohol, y patologías más específicas como trastornos de la conducta alimentaria o trastornos psicoorgánicos.

¿Cuáles son las causas?

Las causas son complejas. Hay factores genéticos y familiares que aumentan el riesgo. Pero ni la genética ni los antecedentes explican el 100% de estas enfermedades. Hay otra serie de factores ambientales que influyen de forma importante. También otros biográficos, que tienen que ver con la calidad de los primeros años de vida.

Muchas patologías se suelen ligar al consumo de drogas...

Las drogas tienen un doble sentido. El consumo precoz puede ser en sí mismo causa de que aparezca la enfermedad, o la enfermedad puede aparecer antes y el malestar que genera les lleva a consumir drogas para buscar alivio. En muchas ocasiones, las drogas no son ni causa ni consecuencia, pero complican.

¿Los cambios sociales pueden ser un desencadenante?

El estilo de vida es una cuestión que influye. Sabemos que las enfermedades mentales son más predominantes en aquellas áreas urbanas densamente pobladas que en las áreas rurales, y que aspectos como el nivel de desarrollo juegan en contra de la enfermedad mental. Es más fácil recuperarse en un área poco desarrollada que en una que lo está mucho, aunque la atención médica sea mejor en esta última.

Da la impresión de que la forma de ver la enfermedad mental ha cambiado en los últimos tiempos, ¿se ha pasado del 'loco' a una visión más integradora?

El gran cambio de nuestra historia reciente es la reforma del año 86 que propugna el cierre de los hospitales psiquiátricos y el paso a una psiquiatría comunitaria integrada en los centros de salud. Esto marca un cambio de filosofía. Se pasa de la reclusión a un tratamiento integrador. Pero este paso no ha llegado a concluirse de forma completa y nos preocupa que estamos viendo cierta tendencia de péndulo. De lo que era integración, normalización y aceptación de la enfermedad mental, volvemos a tener una idea de que siguen siendo enfermos peligrosos, culpables de lo que les pasa. Hay una tendencia a volver a los centros de reclusión. Como asociación y yo como profesional, estamos totalmente en contra de esta vuelta al modelo manicomial.

¿Es posible entonces la rehabilitación de estos pacientes?

Claro que es posible. Lo que varía es el nivel que van a alcanzar.

La labor de la familia será fundamental para la recuperación...

Hasta el día de hoy el pronóstico de una enfermedad mental venía muy determinado por el apoyo familiar del paciente, la presencia de un sólido apoyo, una estructura que se mantiene, el cariño y la dedicación. La abnegación de los familiares modificaba el pronóstico. Si lo intentamos cuantificar, el 45% del gasto del tratamiento integral de un enfermo mental grave es el gasto de la familia. Esto es si cuantificamos las horas dedicadas a cuidarles, atenderles, llevarles a los centros, acompañarles cuando están mal... Ahora bien, la realidad es que los pacientes, y la sociedad en general, cada vez disponen de menos apoyos en este sentido. Las familias son menos numerosas, están más dispersas y tienen más obligaciones. Tenemos que pensar en abordajes que no dependan tanto de la estructura familiar. Aquí lo estamos empezando a plantear ahora, pero está extendido en otros lugares como países nórdicos o anglosajones.

¿Cuáles son las nuevas realidades que empiezan a percibir?

Empezamos a ver reflejados problemas como el de los transeúntes, los homeless , que veíamos en EEUU o en las grandes metrópoli como Londres. Gente que vive en las calles, entre cartones, la mayor parte de ellos enfermos mentales. Esta es una realidad que empezamos a ver más, y uno de los factores es la pérdida de apoyos familiares. Otro es que no hay una estructura sociosanitaria que pueda suplir el papel que antes desempeñaba la familia.

Otorga mucha importancia al apoyo social del paciente, pero este tipo de enfermos siempre han sufrido una fuerte estigmatización...

Por supuesto. El estigma afecta tanto a los pacientes, como a las instituciones como a los profesionales. La enfermedad mental viene mediada por prejuicios en muchas ocasiones. Los prejuicios de que esto no se cura, de que es peligroso, y de que es culpa suya. Esto lleva a poner la etiqueta de loco, peligroso, extraño, Ese estigma genera discriminación social, laboral, marginación...

¿Cómo lo viven los pacientes?

Ante el miedo al estigma, ocultar. Esconder la enfermedad para que nadie lo sepa. El gran problema de la enfermedad es cómo la percibimos. Un enfermo mental, si está bien tratado, es difícil percibir que está afectado. También lo percibimos dependiendo del conocimiento que tenemos sobre este tipo de patologías. Yo tengo envidia sana al tratamiento que se ha hecho del SIDA, una enfermedad que nace estigmatizada y repudiada socialmente y que se ha conseguido darle la vuelta.

¿En qué situación se encuentra Navarra en este ámbito?

Navarra en el año 86 partió de una situación de clara ventaja, pero luego hemos tenido un parón y ahora se está intentando acelerar, aunque se va a tardar en coger la actividad. Arrancamos con retraso. Hay muchas comunidades que nos han superado. El presupuesto que se destina a salud mental sigue teniendo un gran porcentaje adscrito a un centro y tendría que estar más distribuido. Los recursos sociosanitarios se empezaron a poner en marcha hace dos años, aunque el aspecto ocupacional y residencial está sin desarrollar. Hay buenas expectativas, pero para dentro de dos años.

Ante este panorama, ¿cuáles cree que son los objetivos más urgentes?

Solucionar estos déficits históricos es una prioridad y una urgencia. Otra prioridad, en el ámbito más técnico, es funcionar de forma coordinada y en base a protocolos. También necesitamos disponer de datos fiables. Hay problemas emergentes que vamos a tener que afrontar. Uno es que los enfermos graves están empezando a verse desplazados por los problemas de la vida, que crean problemas de salud mental, pero que no son enfermedades. Estar triste, nervioso, o no poder dormir no es una enfermedad, pero afecta a la salud mental. Y quien tiene este tipo de problemas está acudiendo cada vez más a los recursos sanitarios hasta el punto de colapsarlos. Tenemos datos de que el 50% de las personas que acuden a consulta no puedes disgnosticarlos de enfermedad mental. Los puedes diagnosticar de tener problemas. Y están consumiendo recursos que son de personas que sí tienen patologías.

LAS FRASES

"El 45% del gasto del tratamiento integral de un paciente es el gasto de la familia"

"Los enfermos graves están siendo desplazados por los problemas de la vida"

"Navarra partió con ventaja en el ámbito de la Salud Mental pero nos han superado"

FuenteDIARIO DE NOTICIAS

 

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