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"Los prejuicios hacia el
enfermo mental llevan a ponerle la etiqueta de loco
o peligroso, y generan marginación"
ALFREDO MARTÍNEZ LARREA, psiquiatra y nuevo
presidente del foro de salud mental
Recién nombrado presidente del Foro
de Salud Mental, el psiquiatra Alfredo Martínez
muestra sus principales preocupaciones y retos para
los próximos cuatros años. La más
inmediata, despojar al enfermo mental de ese estigma
que le ha perseguido y le califica como "loco"
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| El psiquiatra Alfredo Martínez
Larrea, antes de participar en su presentación
como nuevo presidente del Foro de Salud Mental.
FOTO: IBAN AGUINAGA |
ALBERTO PRADILLA
PAMPLONA. La enfermedad mental es un ámbito
desconocido para la población y lleno de
mitos. ¿A qué nos referimos cuando
hablamos de patologías mentales?
Hablamos de un espectro muy amplio de transtornos:
enfermedades mentales graves, como esquizofrenia,
transtornos bipolares, problemas depresivos graves;
todo tipo de transtornos afectivos, de ansiedad,
patologías relacionadas con el consumo de
drogas y alcohol, y patologías más
específicas como trastornos de la conducta
alimentaria o trastornos psicoorgánicos.
¿Cuáles son las causas?
Las causas son complejas. Hay factores genéticos
y familiares que aumentan el riesgo. Pero ni la
genética ni los antecedentes explican el
100% de estas enfermedades. Hay otra serie de factores
ambientales que influyen de forma importante. También
otros biográficos, que tienen que ver con
la calidad de los primeros años de vida.
Muchas patologías se suelen ligar
al consumo de drogas...
Las drogas tienen un doble sentido. El consumo
precoz puede ser en sí mismo causa de que
aparezca la enfermedad, o la enfermedad puede aparecer
antes y el malestar que genera les lleva a consumir
drogas para buscar alivio. En muchas ocasiones,
las drogas no son ni causa ni consecuencia, pero
complican.
¿Los cambios sociales pueden ser
un desencadenante?
El estilo de vida es una cuestión que influye.
Sabemos que las enfermedades mentales son más
predominantes en aquellas áreas urbanas densamente
pobladas que en las áreas rurales, y que
aspectos como el nivel de desarrollo juegan en contra
de la enfermedad mental. Es más fácil
recuperarse en un área poco desarrollada
que en una que lo está mucho, aunque la atención
médica sea mejor en esta última.
Da la impresión de que la forma
de ver la enfermedad mental ha cambiado en los últimos
tiempos, ¿se ha pasado del 'loco' a una visión
más integradora?
El gran cambio de nuestra historia reciente es
la reforma del año 86 que propugna el cierre
de los hospitales psiquiátricos y el paso
a una psiquiatría comunitaria integrada en
los centros de salud. Esto marca un cambio de filosofía.
Se pasa de la reclusión a un tratamiento
integrador. Pero este paso no ha llegado a concluirse
de forma completa y nos preocupa que estamos viendo
cierta tendencia de péndulo. De lo que era
integración, normalización y aceptación
de la enfermedad mental, volvemos a tener una idea
de que siguen siendo enfermos peligrosos, culpables
de lo que les pasa. Hay una tendencia a volver a
los centros de reclusión. Como asociación
y yo como profesional, estamos totalmente en contra
de esta vuelta al modelo manicomial.
¿Es posible entonces la rehabilitación
de estos pacientes?
Claro que es posible. Lo que varía es el
nivel que van a alcanzar.
La labor de la familia será fundamental
para la recuperación...
Hasta el día de hoy el pronóstico
de una enfermedad mental venía muy determinado
por el apoyo familiar del paciente, la presencia
de un sólido apoyo, una estructura que se
mantiene, el cariño y la dedicación.
La abnegación de los familiares modificaba
el pronóstico. Si lo intentamos cuantificar,
el 45% del gasto del tratamiento integral de un
enfermo mental grave es el gasto de la familia.
Esto es si cuantificamos las horas dedicadas a cuidarles,
atenderles, llevarles a los centros, acompañarles
cuando están mal... Ahora bien, la realidad
es que los pacientes, y la sociedad en general,
cada vez disponen de menos apoyos en este sentido.
Las familias son menos numerosas, están más
dispersas y tienen más obligaciones. Tenemos
que pensar en abordajes que no dependan tanto de
la estructura familiar. Aquí lo estamos empezando
a plantear ahora, pero está extendido en
otros lugares como países nórdicos
o anglosajones.
¿Cuáles son las nuevas realidades
que empiezan a percibir?
Empezamos a ver reflejados problemas como el de
los transeúntes, los homeless , que veíamos
en EEUU o en las grandes metrópoli como Londres.
Gente que vive en las calles, entre cartones, la
mayor parte de ellos enfermos mentales. Esta es
una realidad que empezamos a ver más, y uno
de los factores es la pérdida de apoyos familiares.
Otro es que no hay una estructura sociosanitaria
que pueda suplir el papel que antes desempeñaba
la familia.
Otorga mucha importancia al apoyo social
del paciente, pero este tipo de enfermos siempre
han sufrido una fuerte estigmatización...
Por supuesto. El estigma afecta tanto a los pacientes,
como a las instituciones como a los profesionales.
La enfermedad mental viene mediada por prejuicios
en muchas ocasiones. Los prejuicios de que esto
no se cura, de que es peligroso, y de que es culpa
suya. Esto lleva a poner la etiqueta de loco, peligroso,
extraño, Ese estigma genera discriminación
social, laboral, marginación...
¿Cómo lo viven los pacientes?
Ante el miedo al estigma, ocultar. Esconder la
enfermedad para que nadie lo sepa. El gran problema
de la enfermedad es cómo la percibimos. Un
enfermo mental, si está bien tratado, es
difícil percibir que está afectado.
También lo percibimos dependiendo del conocimiento
que tenemos sobre este tipo de patologías.
Yo tengo envidia sana al tratamiento que se ha hecho
del SIDA, una enfermedad que nace estigmatizada
y repudiada socialmente y que se ha conseguido darle
la vuelta.
¿En qué situación
se encuentra Navarra en este ámbito?
Navarra en el año 86 partió de una
situación de clara ventaja, pero luego hemos
tenido un parón y ahora se está intentando
acelerar, aunque se va a tardar en coger la actividad.
Arrancamos con retraso. Hay muchas comunidades que
nos han superado. El presupuesto que se destina
a salud mental sigue teniendo un gran porcentaje
adscrito a un centro y tendría que estar
más distribuido. Los recursos sociosanitarios
se empezaron a poner en marcha hace dos años,
aunque el aspecto ocupacional y residencial está
sin desarrollar. Hay buenas expectativas, pero para
dentro de dos años.
Ante este panorama, ¿cuáles
cree que son los objetivos más urgentes?
Solucionar estos déficits históricos
es una prioridad y una urgencia. Otra prioridad,
en el ámbito más técnico, es
funcionar de forma coordinada y en base a protocolos.
También necesitamos disponer de datos fiables.
Hay problemas emergentes que vamos a tener que afrontar.
Uno es que los enfermos graves están empezando
a verse desplazados por los problemas de la vida,
que crean problemas de salud mental, pero que no
son enfermedades. Estar triste, nervioso, o no poder
dormir no es una enfermedad, pero afecta a la salud
mental. Y quien tiene este tipo de problemas está
acudiendo cada vez más a los recursos sanitarios
hasta el punto de colapsarlos. Tenemos datos de
que el 50% de las personas que acuden a consulta
no puedes disgnosticarlos de enfermedad mental.
Los puedes diagnosticar de tener problemas. Y están
consumiendo recursos que son de personas que sí
tienen patologías.
| LAS
FRASES |
| "El 45%
del gasto del tratamiento integral de un paciente
es el gasto de la familia"
"Los enfermos graves están
siendo desplazados por los problemas de la
vida"
"Navarra partió con ventaja
en el ámbito de la Salud Mental pero
nos han superado"
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Fuente DIARIO
DE NOTICIAS
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